SERVICIOS SOCIALES PARA TODOS Y TODAS. NO A LOS RECORTES

24 diciembre 2005

ROSARIO, NO TE OLVIDO.




Querida Rosario,


No nos conocemos pero estoy pensando en ti. Siento mucho que sea en estas circunstancias, de veras. Tú ya no estás para escuchar mi lamento, pero mi pena es honda y sincera por lo que ha ocurrido. El viernes pasado tres matones interrumpieron tu sueño en un cajero automático, y tras insultarte y pegarte, te prendieron fuego y dejaron que murieras, mientras ellos seguían con su particular juerga. Lo siento.

Dicen que eras guapa, seguro que si. Dicen que ocupaste puestos de responsabilidad hasta que una mala racha te llevó a la calle, a errar en una ciudad como otra cualquiera, sin rumbo. Quizás había un rumbo y tú no lo conocías, a lo mejor un día desembarcarías de nuevo en esta sociedad mezquina y cruel con el débil, en la que una panda de descerebrados fascistas pueden quemarte viva entre risas y después alegar que fue una broma. Pagarán por lo que han hecho Rosario.

Cada día que vaya a un cajero pensaré en ti. No lo digo en vano, porque tu recuerdo me hará recordar que cada día hay que luchar por conseguir una sociedad mejor, por lograr la victoria de los justos, por perseguir al que oprima al débil. Tenemos que hacer valer la dignidad de los hombres y mujeres por encima del miserable egoísmo que se expande por nuestras vidas.

Quería escribirte una bonita carta que pudieras leer allá donde estuvieras, pero por alguna razón me bloqueo.

Hoy es Nochebuena. Esta noche te sentarás conmigo en mi mesa, a mi lado, y yo me acordaré de ti, de cuando te sonreía la vida y de cuando ésta, tan gozosa como cruel, te asestó el golpe de la calle, de la miseria y la marginación. Cenaremos y brindaremos juntos por el cambio de una sociedad que no te sonrió, pero que aún podemos modificar entre todos, para que no vuelvan a ocurrir estos disparates viles y miserables.

Rosario, allá donde estés Feliz Navidad. Yo no te olvido.

Ignacio

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