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04 septiembre 2006

UN TERCIO ESPAÑOL.


El otro día estuve viendo Alatriste. Después de un año esperando ansioso ver la peli me supo a poco, pero me gustó. En cualquier caso no es de Alatriste de lo que quiero hablar. En un momento dado, en una escena, un maltrecho grupo de desarrapados soldados españoles va a parlamentar con los soldados franceses durante un alto en la batalla, elegantes y maqueados y que están dando a los nuestros hasta en el carné de identidad. Los españoles se tambalean moribundos, y los franceses lustrosos en sus corceles, que poco han cambiado las cosas… Los galos ofrecen a los españoles una rendición honrosa, recoger sus banderas y marcharse vivos del lugar. Un abatido Alatriste da las gracias al conde francés, y le espeta “pero dígale al conde que es que nosotros somos un tercio español” y con una perspectiva de futuro inmediata nefasta, pero con el orgullo rebosando, se dan la vuelta y se preparan para luchar. A mi es que me entra la tontería patria con estas cosas y me dan ganas de sacar a los hijos de la Gran Bretaña a collejazos del peñón…

Todo esto viene a que ayer la selección española de baloncesto me dio una gran alegría. Jugó un partidazo, en realidad ha jugado un torneo impresionante. Me gusta el baloncesto desde pequeñajo, sigo al Estudiantes desde entonces y pese a quien pese soy antimadridi$ta confeso. Me enteré relativamente rápido que el padre de Pepu, el entrenador de la selección, había fallecido pocas horas antes del partido y que éste no había dicho nada por no descentrar a sus jugadores. Dirigió al equipo con maestría, organizó, gritó y disfrutó con sus chicos durante cuarenta minutos en los que no dudo de la inmensa pena que le pesaba por dentro. Hablando con mi hermano hemos concluido que detrás del Estudiantes siempre hay historias épicas, algo que hace que ese equipo de patio de colegio nos haya enganchado desde siempre. Pepu ha sido hombre de la casa, ha entrenado durante 23 años a diferentes equipos del Ramiro de Maeztu, y ha visto recompensado su trabajo con la responsabilidad de dirigir a la selección española de baloncesto. ¡Y como lo ha hecho!

Cuando iba a afrontar el mayor reto de su historia deportiva, la vida le ha asestado un golpe duro, una estocada en el corazón. Otros quizá se hubieran hundido, pero él, como esos soldados españoles de Alatriste, dio un paso al frente, jugó y ganó. Como hubiera dicho el capitán, “es que soy un entrenador español y del Estu para más señas.” Con dos cojones.

Gracias Pepu.

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