SERVICIOS SOCIALES PARA TODOS Y TODAS. NO A LOS RECORTES

28 agosto 2008

ME SIENTO BIEN.


Me siento bien. Eso creo al menos. Con ganas de ver a mi enano. Han pasado ya 12 días desde que me tuve que despedir de él, pero es lo que hay. Con todo, me siento bien. No me puedo quejar del verano, sobretodo teniendo en cuenta que he cogido cuatro aviones en tres semanas y no he vivido ninguno de los innumerables incidentes con los que nos bombardea la tele a diario. Vamos a susto por día. Ahora ya estoy trabajando, y me siento bien. Contento.

Después de dos años y medio de convulsiones, y a la espera de que se termine por resolver un determinado asunto que no voy a recordar, debo decir que tengo una vida tranquila, como quería. Vivo relajado, con los míos, con mi niño, con mi niña, la familia, los amigos de siempre y los que voy recuperando, después de años de retiro. Y siento que después de mucho tiempo crezco, me siento útil y valorado, me quieren, me apoyan. Mi trabajo no está mal. Lidiar con las desgracias ajenas a diario hace que uno no pueda realizarse al cien por cien en su actividad laboral, pero aporta muchas pequeñas satisfacciones. Un goteo de agradecimientos por cumplir las expectativas ajenas. Reconozco que después de tantos años no me importaría alejarme un poco de este mundo. Algo temporal, otra actividad, menos presión y más creatividad. Pero me dedico a esto, y sin querer pecar de falta de humildad, creo que no lo hago mal del todo.

No tengo claro porqué me he puesto a escribir, no se que quería decir, pero se lo que he escrito. Que me siento bien. Que me siento feliz con los que me rodean y que tengo mucho que agradecer a mucha gente; espero poder hacerlo. Por si acaso, gracias. Y como no quiero que falte de nada a esta mini catarsis de júbilo y huelga describir lo mucho que quiero a mi enano, me recrearé diciendo lo mucho que quiero a mi enana, a la que nunca podré transmitir lo agradecido que estoy por ser en gran parte responsable de mi alegría, de mi resurgir, de mi tranquilidad, de mi felicidad, lo mucho que la admiro y lo feliz que vivo a su lado. Gracias pequeña.


PD: Pablito, mucha suerte en este nuevo camino que vas a emprender, te irá bien, por como eres, y porque me sale de los güevos pensar que vas a ser el amo de México Lindo yeyeyeyeye y que me estarás reservando litros de cerveza y tequila mientras canturreas con una bandurria sin más atuendo que un estiloso gorrito mejicano. Suerte amigo. Un besazo.

22 junio 2008

ESTOY AGOTADO...


Estoy agotado. Este fin de semana está siendo muy duro. Todo me va mal. Mi estado de ánimo es lamentable lo cual produce una constante visión negativa de la vida en general y de las horas que faltan para mañana en particular. Quiero que llegue mañana, no por nada en especial. Porque mañana querré que llegue pasado, y así sucesivamente. No consigo dormir, no tengo demasiado hambre y francamente, no me apetece hacer nada.

Se que no pinto nada así, más que nada porque no tiene arreglo. Espero poder controlar mi estado de ánimo, poder seguir viviendo como hasta ahora, cuidando de mi hijo, en la parte que de momento me dejan, y volver a plantar los cimientos que sustentaban mi existencia. Siempre lo hago. Siempre apuntalo mi vida, es mi único patrimonio y de ninguna manera permitiré que se derrumbe. Pero siempre llegan las malas artes, los golpes, la furia descontrolada de un tornado que ya había pasado otras veces, y tengo que aguantar hasta que se aleje. Y después vivir con los destrozos, mientras poco a poco enderezo la estructura.

Y ahí estoy. Agradecido a todos los que me habéis mostrado vuestro apoyo, a todos los que habéis intentado animarme. Gracias por esos abrazos, gracias por estar ahí.

Y gracias a ti Daniel, gracias por vivir feliz, gracias por haberme cambiado la vida, gracias por tu sonrisa, por tus risas descontroladas, gracias por tus juegos y por tus necesidades, gracias mi niño por todo lo que me has dado. Te quiero mucho.

11 junio 2008

COMO EN EL 36 DICE LA TORDA...


Estamos todos tarados. El lunes por la tarde fui a la compra. La verdad es que no soy dado a alarmarme con estas cosas de los desabastecimientos y demás alarmas gratuitas, pero por aquello de que tengo un retoño trato de ser precavido. Sin alarmas. El caso es que el lunes fui a comprar un par de cosillas para mi hijo. Un poco de pescado, yogures y petisuis. Fácil. Pues de fácil nada de nada, niet de niet. Los estantes de los lácteos estaban vacíos, y de lo demás poco a poco menguando las existencias.

Si los supermercados Día me dan repelús de por si (es como si un avión Hércules del ejército hubiera dejado caer desde el aire cajas de ayuda humanitaria) el otro día daba pena. Parecía que hambrientas hordas de harapientos refugiados habían pasado por encima de las cajas. La gente salía con enormes carros cargados de existencias, así como para tres meses de encierro domiciliario.

Atónito llegué a la caja con mi escasa compra cuando escuché a una viejecilla, o señora mayor creo que se dice ahora, “estamos como en el 36”. Te cagas. No es desconocido para servidor el gusto de las personas de edad (este eufemismo me gusta más si cabe) de montarse películas que diluyan un poco la ingente ración de telebasura con la que se indigestan cada día (si hay alguna reclamación a causa del uso frívolo que hago de los estereotipos por favor envíen un sms al departamento de reclamaciones morales de mi irregular mente perversa). Como en el 36 nada menos. He tenido la suerte de no pasar por aquello, pero creo que un pelín mejor si que estamos y dudo que la presente huelga amenace nuestro bienestar hasta e punto de dejernos sin víveres.

Ahora que no se si estamos mejor en los tiempos que corren, pero vistas las colas en las gasolineras y los estantes vacíos en los supermercados lo que si somos ahora es infinitamente más gilipollas o ignorantes o fantasiosos. O todo a la vez.

02 junio 2008

DILEMA


Mañana quizás. U hoy. O quizás no. Nada. Pero igual si. No se que pasa con lo que sucede, con lo que planeas que acontezca y no sabes esperar a que ocurra. O que no. Y llega el ansia, la duda, la incertidumbre. Y piensas que no, que igual si, que igual incluso no quieres que ocurra, que fracasarás si no pasa. Entonces te tiemblan las manos, la mente se fuga en una huida hacia delante, tratando de llegar antes que el calendario, de hacer un pronóstico cegado por los nervios. Pronóstico errático y dubitativo. Te pones en situación, esperas lo peor, buscas palabras, las fundes en un collage que se parezca lo máximo posible a un argumento sólido, pero antes de apuntalar la justificación se desploma, y buscas otra línea, otra razón, otra palabra. O no. Por que no lo sabes. Te agotas, te irritas. Un grito. Lo piensas. Esperas. El eco. Era cierto, está ahí. Corres. Ya no hay palabras, ni pretextos ni salidas. Maldita decisión. Maldito cruce de caminos.

Dejé de pensar y me marché cabizbajo del pasillo de refrigerados.

22 mayo 2008

TRAVESÍA TRAVESANDO


La verdad es que uno empieza a estabilizarse y zas, ola que te trajo y el bote escorado. La vida está llena de olas que nos mandan a la deriva o al vuelco o a hundirse o a la mierda, vete tu a saber. Y la verdad es que mi bote empieza a estar desgastado, como esos navíos que reposan suspendidos en los muelles a la espera de recibir una mano de pintura, con conchas y algas campando por los costados.

Cuando viene una ola podemos soltar lastre y al agua, y después Dios proveerá, pero como tengo por costumbre, por iluso que parezca, creer más en los hombres que en Dios, prefiero hacer contrapeso, trasluchar si hiciera falta, cagarme en todo mientras mantengo el cabo entre los dientes apretados con fuerza. No me gusta volcar. Ya he tenido que sacar a flote muchas veces el bote hundido, achicar agua con las manos mientras la botavara campa a sus anchas alrededor de mi cabeza.

El caso es que el viento arrecia con fuerza, siempre lo hace, supongo que a todos nos pasa y cada cual llega a puerto como puede. Yo maldigo las olas, maldigo la mar picada y los avatares de la vida que hacen tambalear un bote que aunque frágil, me ha llevado siempre donde le he marcado. O han sido las mareas quizás. No lo se, ni creo que a estas alturas del camino importe mucho. Tengo buena tripulación y en ella me apoyo para salvarme de un naufragio.

Seguiré navegando, el puerto me queda lejos, ni siquiera lo diviso aún. Y seguiré zafándome de tormentas mientras aguante el cuerpo, mirando hacia delante, esperando de cara la siguiente ola, frunciendo el ceño y maldiciendo cuando llegue el agua y el frío, porque en algún momento se iluminará el horizonte con un faro, una pequeña luz que de sentido a tanta travesía, que me permita echar el ancla y tumbarme al sol. Solo quiero eso. Tumbarme al sol y pensar que no tengo que pensar en nada.

24 abril 2008

UNA PEQUEÑA PALA.


No es más que eso. Una pala. En el caso de mi hijo una pequeña pala verde. Una simple pala de plástico para mí como adulto que creo ser. ¡Que mal nos tratan los años! Si no hubiera perdido la inocencia que me regaló la vida al nacer, seguiría siendo Quijote, y vería impresionado como no es una pala, ¡es un tesoro!

La pala es un elemento común en todos los niños y niñas del parque. Esas palas no son simple trozo de plástico, son valiosísimas posesiones que lo mismo sirven para cavar un hoyo en la arena, que para alimentar a nuestro buen amigo Pooh. Es la seña de identidad de cualquier infante, es su herramienta de juego, es su blasón, su escudo y su espada “Aquí estoy compañeros, he llegado al parque y aquí tengo mi pala”.

Las vueltas que da la dichosa pala. No se si seré capaz de entenderlo, pero cada vez que veo como mi hijo guarda su pala en mi mochila antes de salir a la calle, intento esforzarme por comprender la responsabilidad que me está encomendando, nada menos que transportar su fuente máxima de entretenimiento y trabajo.

Y mucho ojo con coger palas ajenas. He visto elefantes amilanarse con mayor facilidad ante el ataque a sus crías, que un retoño de estos cuando otro se acerca a su pala.

Es que la vida es un torrente que desgasta la piedra por la que pasa, la piedra valiosa que da forma y encauza nuestra vivir, y perdemos de vista la piedra, y queremos un puente, y después un túnel y dejamos de acordarnos de esa piedra que nos acompañaba y no nos damos cuenta que todas esas necesidades de artificio no son nada al lado de las ilusiones de la infancia y no podremos hacer el dichoso túnel sin una pala. La pala. Mi pala.

12 febrero 2008

HAY QUE REGAR A DIARIO...


Pasado mañana es el día de los enamorados. Si. El Día de los Enamorados. No voy a hacer un discurso contra el 14 de febrero, que si la industria capitalista, que si el consumismo, que si bla bla bla. No. En realidad quiero decir que hoy también debe ser el día de los enamorados, y mañana, y el 15, y cada día. Porque el amor, como un árbol, se cuida cada día. ¿Os imagináis regar un árbol solo el día de los bosques? Huelga decir lo que ocurriría… Pues eso mismo pasa con el amor. Hay que amar todos los días, hay que amar con hechos y con palabras, nunca dando por sentado las cosas.

Decidlo. Decid a la persona que amáis, que lo hacéis porque es única, que es ella o él porque el paso del tiempo ya no lo es sino es de su mano. Decídselo por la mañana, por la tarde, por la noche. Decídselo cuando estéis contentos, cuando estéis tristes. Vuestras palabras y vuestros gestos son el agua que riega ese árbol que llamamos amor. Amad como si fuera el primer día, o como si fuera el último, no dejéis pasar una oportunidad de decir te quiero, en cada encuentro, en cada despedida, porque cuando no lo hacéis es una gota derramada que cae en el olvido. Y cuando acechen sombras y tormentas amad más que nunca, si hay que retroceder se retrocede, si hay que pedir perdón se pide, porque el orgullo más allá de su justa medida envenena los sentimientos, ataca la raíz, merma el riego de la persona amada.

Por eso os felicito a aquellos que amáis, os felicito hoy y mañana, os felicito todos los días que gocéis al lado de la persona amada, porque eso es el motor de nuestras vidas y por ello hay que cultivarlo cada día, amando. Solo amando. Siempre.

23 enero 2008

SUERTE ABUELO. SUERTE Y GRACIAS.


Parece que arrecia viento fuerte abuelo. Y el horizonte no acaba de despejarse. Dicen que al mal tiempo buena cara, y no hay más que verte para darse cuenta que el mástil de la vitalidad no se quiebra con una tempestad. Ahí estás, aferrado al timón esperando llegar a tu destino (llegarás abuelo, porque si donde te diriges de verdad existe,hay un sitio para ti seguro), tranquilo, pausado, transmitiendo la calma que te ha caracterizado. Y ahí estamos los demás, observando impotentes los bandazos que te procura este mar llamado vida, con hermosos atardeceres pero con peligros acechando a barlovento y sotavento. Nos queda inflar las velas con cariño, con apoyo, con presencia, porque si a un marinero nunca se le deja a su suerte menos al patrón. Y tu has sido el mejor de los patrones, no hay más que ver a tu tripulación, hijos y nietos que te admiran, y que se encargarán de transmitir a tus ya biznietos y a los que vengan los valores que tu nos has enseñado. Honradez, sencillez, cariño, respeto. Ese es el mayor legado que has construido, esa es la más rica de las herencias que podías transmitir. Porque dinero lo gana cualquiera, pero los valores hay que trabajarlos con mucho esfuerzo, hay que conservarlos con esmero y hay que transmitirlos con dedicación.

Y ahora que has puesto proa al horizonte no queremos dejar el puerto, queremos estar ahí, esperar, hasta que te alejes en la distancia, que no en el olvido, porque de recuerdos vivimos, en los recuerdos permanecemos, y tú estarás en los nuestros. Siempre.

Gracias abuelo. Te quiero.

06 septiembre 2007

OTRA VEZ...


Otra vez la mar. Otra vez un naufragio, ocho vidas zozobradas. Ocho familias desgarradas. Un pueblo en vilo. Cuatro cuerpos que aún flotan entre olas y lamentos. Otra vez la mar, tan rica y tan cruel. Alimenta y mata. Día sin pesca, día sin sueldo. Cada mañana temprano a trabajar los aparejos, redes, nasas. Antes de salir de casa un fugaz beso a la mujer, los hijos, a los que quería, a los que quiere. El tiempo es tan injusto a veces, ese tiempo que no se quiso perder en una caricia, en un te quiero, ese mismo instante, fugaz, ese segundo, una instantánea, quebró el casco en dos y esparció las vidas de los que luchan de sol a sol en un mar embravecido.

En fin. Estoy un poco cansado de escribir sobre vidas rotas, sobre familias destrozadas por la violencia inútil, por elementos de una naturaleza que se cobra la ingente deuda que la humanidad tiene con ella, por una cabezada al volante… Pero me resulta difícil afrontar el día sin pensar en esos marineros, pescadores, sus familias para las que no hay consuelo. Supongo que necesito descargar la pena para poder actualizar mi noticiero particular, y que los problemas de otros den paso a los míos, o simplemente dejen transcurrir mi día como deba, como quiera, como sea.

04 septiembre 2007

VIAJANDO EN AVIÓN...


Estoy recién llegado de las vacaciones. Hoy ha sido mi primer día de trabajo y creo que lo he pasado con bastante dignidad. Nada de lagrimeos, depresiones post vacacionales, estrés… Rien. Niet. Pero no es sobre eso sobre lo que quiero hablar. El caso es que este verano he cogido un avión, lo cual sin más tampoco supone una noticia extraordinaria, sino fuera porque por primera vez he cogido un avión solo con mi hijo. La verdad es que uno se sienta en su butaca, encaja las piernas entre el final de su asiento y el respaldo del de delante (miserable el hueco por cierto) y se abstrae. En mi caso masco chicle para que no me duelan los oídos, que he salido delicado. Debo reconocer que nunca presto mucha atención a nuestros amigos autómatas que se esfuerzan por hacernos comprender como reaccionar en situaciones de emergencia, siempre y cuando consigamos controlar el pánico, por supuesto.

Esta vez presté atención, cuestión de dar ejemplo al vástago que se entretenía destruyendo las instrucciones escritas que yo me prestaba a escuchar. Resulta que las salidas de emergencia quedaban a tomar por saco, y me costaba imaginarme en plena carrera por salvar la vida de mi hijo y la mía propia, pisando, empujando y gritando, mientras ciento cincuenta pasajeros, egoístas todos ellos, buscaban la misma meta. Además previamente tendría que haber soltado mi cinturón de seguridad y el del niño, que para el que no lo sepa es como un cinturón pequeño que va unido al del adulto por una pequeña argolla de tela. En fin, descarté salir corriendo en caso de emergencia y encomendarme, si fuera preciso, a cualquier santo que me viniera a la cabeza. San Miguel, por ejemplo. Después viene la coñita de los salvavidas, que ya no me molesto en preguntarme para que necesito un salvavidas viajando por dentro de la península, porque creo que es una técnica de distracción. Si señor, pura distracción, el tiempo que inviertes en ponértelo si las cosas se ponen feas, no lo gastas en ser consciente de que te vas a espachurrar, chof. Así la tripulación se ahorra todo ese alboroto propio de las situaciones pre mortem. Además, siempre he considerado mejor que a una acción que no conseguimos realizar, le debe seguir una acción más sencilla. Pues en el caso de los salvavidas, es todo lo contrario. Tú te pones el salvavidas. Eso si consigues encontrarlo debajo del asiento mientras el avión cae a plomo y no te revientan los tímpanos (Siempre me he preguntado si el cable de la mascarilla de oxígeno será lo suficientemente largo como para no tener que buscar a tientas el salvavidas con la barbilla tirando hacia arriba.). Bueno pues en mi caso hubiera tenido que buscar y encontrar dos salvavidas, el mío y el del enano (oye, es monísimo el salvavidas de un bebé). Vuelvo al tema de las acciones consecutivas. El caso es que la primera opción para inflar el salvavidas es tirar de un cordel; sencillo ¿no?. Uno lo piensa y dice “chachi, no va a haber Lago o Pantano que consiga ahogarme”. Pero, oh campos de soledad mustios collados (Gomaespuma dixit), sino funciona la cuerdecita, que ya es mala baba, hay que buscar una especie de silbato rojo y ponerse a soplar. Tócate los güevos. Debe ser cuestión de aprovechar la hiperventilación propia de las situaciones de pánico, porque sino no me lo explico. ¡Que me ponga a soplar!, por supuesto que tendría que inflar primero el de mi hijo, después el mío, pero no se puede dentro del avión, que digo yo que que coño importará inflarlo dentro del avión si éste estará hecho pedazos en la masa acuosa en cuestión. Total, que estaremos en el agua, con cientos de personas gritando, con los chalecos sin hinchar, buscando el pitorro…

Me sorprendí masticando el chicle con ahínco cuando el comandante nos informaba de la climatología en la ciudad de destino. Mis amigos autómatas se retiraban con todo el merchandising, chalecos, cinturones, mascarillas… Y por si el acojone era chico nos ofrecían prensa y un refrigerio (de pago), cuestión de distraerse un poco y alejar de nuestras mentes el libro de instrucciones del chaleco salvavidas. Miré a mi hijo, y me sonreí viendo como había plegado las velas y dormía placidamente con las instrucciones de emergencia hechas pedazos entre las manos. Que suerte esto de ser pequeño.

03 agosto 2007

MARÍA HA VUELTO.


Volvemos a contar con la flamante guerrera en nuestras filas. No es nuevo que deje dicho que María San Gil es una mujer que me gusta pese a las irreparables discrepancias políticas que nos separan en ese campo. Pero ayer volvió a lo que llaman “los ruedos de la política” y yo personalmente me alegro, y mucho. Me alegro porque ha vencido a esa mierda de lacra que cada vez nos asola más, y que han llamado cáncer. Me alegro porque la panda de hijos puta que estaban deseando que pasara a mejor vida deben estar tomando bicarbonato de barril. Y seguro que ahí seguirá, defendiendo unos valores que compartimos de forma distinta. Ella mirará a los cobardes que asesinan por la espalda, pero ella lo hará de frente, a los ojos, con dos cojones, y les dirá cuatro cosas, de mi parte, de parte de todos los que no nos atrevemos a hacerlo. Aquellos que consideren que es muy fácil embarcarse en esta lucha con ocho guardaespaldas, que prueben, a ver si tienen tantos güevos como lenguaza.

Feliz vuelta María, dicho queda que me alegro mucho, porque los que estamos del lado de la libertad y la dignidad sabemos que recuperamos un estandarte que no cae por una mierda de cáncer ni por una panda de asesinos. Lo que no nos mata nos hace más fuertes. Ese es nuestro activo. El tuyo.

01 agosto 2007

SÍMBOLOS.


Estaba leyendo la noticia sobre ese dramón humano y social que significa que se obligue al gobierno vasco a poner la bandera española en la academia de la policía autonómica, cuando me he distraído con una banalidad del estilo “Canarias arde”. Como soy de prioridades, me he puesto a divagar sobre los símbolos, como el que nos ocupa en este caso. La bandera española. Me he permitido la licencia de buscar en el diccionario el significado de la palabra símbolo, y hete aquí que me encuentro:

(Del lat. simbŏlum, y este del gr. σύμβολον).
1. m. Representación sensorialmente perceptible de una realidad, en virtud de rasgos que se asocian con esta por una convención socialmente aceptada.

Y entonces me pongo a pensar en lo patéticos que resultamos todos. Por defecto o por exceso, y en ambos casos la mentalidad cerrada de la que hacemos gala, roza lo peligroso. Hay para todos los gustos. Los radicales anti símbolos, que a su vez suelen mostrar una aversión visceral hacia la bandera española, porque es franquista o no se qué. Impasible ignorancia a merced de los necios. También los hay que reniegan de la bandera española pese a hacer uso de innumerables símbolos propios, que van desde el club de ajedrez de Morata del Ridruejo hasta el escudo heráldico de la familia asentada en las tierras patrias (que no son España) desde los tiempos del César. Cuanto más pequeño es el municipio, región o autonomía en cuestión, más patriotas.

Esto me lleva a pensar en el verdadero peligro de los símbolos y como su uso indebido puede fomentar posturas extremistas amparadas en discursos demagógicos vacíos de contenido. Si a esto le sumamos lo sencillo del mensaje que transmite el símbolo en cuestión y la fácil adhesión al mismo, nos encontramos con un caldo de cultivo peligroso en manos de según quien caiga el ánimo de perversión.

Total, que en base a la definición que nos brinda la RAE acerca del término símbolo, unido al hecho de vivir en un país concreto, me parece correcto que la bandera española ondee en los edificios públicos de esta nuestra especie de nación, sin excesos pero sin complejos. Y en la academia de la policía autonómica vasca también.

31 julio 2007

FIESTAS SIN TORTURA.


Aún a riesgo de resultar un poco cansino voy a darme el gusto de recordarme a mi mismo lo cenutrios que somos los seres humanos en general y los españoles en particular para según que cosas. Al fin y al cabo este blog es mío y hago con el lo que se me peta.

El verano ya llegó, ya llegó, ya llegó…Y la fiesta comenzó, comenzó, comenzó (léase con la musiquilla de aquella machacona canción, que como todas de periodo estival hacen que ansíe ver los primeros copos de nieve). Y con las fiestas la barbarie. Nos lanzamos a maltratar animales a diestro y siniestro. Ya hablé de Medinacelli, de los toros en general y así podría poner ejemplos varios para denunciar y poner de manifiesto la bajeza moral de la que hacemos gala. Para deleite de la muchedumbre apresamos a un animal, le martirizamos, le maltratamos y humillamos para finalmente darle muerte de forma vil y cobarde, mientras el populacho, borracho de crueldad, agita sus vasos y sus vergüenzas. Tuve que escuchar a un imbécil, vecino de Oropesa para más señas, decir que el toro embolado de su pueblo no sufre, que simplemente le molestan las chispas que saltan de las bolas de fuego que tiene atadas a la cornamenta. Lo soltó así, con desparpajo y sin ningún disimulo, como si allí no tuvieran suficiente con lidiar con ese escarnio público, horror de la arquitectura y la estética que es Marina D’Or. No jodas. Ya que eres un sinvergüenza, que maltratas a seres indefensos en presencia de niños, encima no alardees. Porque esa es otra. El recinto mortuorio en cuestión está trufadito de pequeños seres humanos que observan atónitos la agonía animal mientras el polo de fresa les chorrea hasta el codo. Me pregunto cual sería el careto del cándido descendiente del mendrugo del telediario, si viera a su papaíto como la madre que le parió le trajo al mundo, con unas bolas ardiendo colgando de los cuernos (si los tuviere) o en su defecto de las pelotas, por ejemplo, que si se trata de dar risa a mi se me atragantan las meninges de la carcajada solo de pensar en el pringado ese, conocedor experimentado del sufrimiento animal, corriendo por la plaza entre la algarabía de los vecinos, mientras le gritan y le tiran de la cola, o el rabo (si tuviera o tuviese). Yo, sereno, cogería por banda al reportero del telediario, y le diría con gesto de saber de lo que hablo, “no, pero si en realidad no sufre, solo le molestan un poco las chispas del fuego, que le chamuscan las pelotas. Y además ¿sabe una cosa? Se lo merece.”



15 días ...

27 julio 2007

¿BUENOS DÍAS?


Suena el despertador. Me levanto. Odio levantarme. Es como si sintiera un golpe de luz en mi cara soñolienta. Ah, no es como, es que he dormido con la ventana abierta. No se porque lo hago. En mi casa la palabra “corriente” no existe. El aire yace vegetativo esperando que alguna ayuda le haga maniobrar. Me rasco. Así, en general, pero a lo bestia, primitivo. Espalda y torso. Me arrastro hasta la cocina y empiezo con la maniobra de reanimación. Tarro de café, tarro de azúcar, leche y taza. Aborto la operación temporalmente para dedicarme a recoger todo lo que he tirado por ahí. Es lo que tiene no despegar los ojos antes de preparar el desayuno. Friego los cúmulos y estratos de leche del suelo, limpio el azúcar y el café espolvoreado por la encimera. Y como colofón pasó esa bayeta que parece una reliquia de la sábana santa por el cerco que deja el fondo de la taza, normalmente un circulo incompleto de mi leche favorita. Ya voy mal de tiempo. Es que no aprendo. No se que alienación cósmica rige mis despertares que cuanto más prisa me doy, menos me cunde el tiempo. Lo llamo el efecto “Momo”. Estoy seguro que si desayunara después de cenar y empezara a prepararme a las doce de la noche, saldría igualmente tarde de casa. Te lo juro de verdad. Donde estaba, que mi mente es un espíritu libre y se dispersa. Vale, si. Mientras irradio el café en el microondas (no se como no estamos todos muertos) me ducho. Este paso es fundamental y garantiza mi supervivencia diaria. No tanto por la limpieza, sino porque se va por el sumidero mi pereza y parte de mi lengua viperina que maldice en arameo y se lamenta de estar vivo para madrugar. Ahora no me seco mucho, así contrarresto la ausencia de aire y la temperatura demencial para la hora que es. Ríete tu del deshielo de los polos. Una mierda. El cambio climático ha empezado en mi casa. Mi lengua recibe su merecido correctivo por las lindezas que profiere. Me la calcino con el café. Vuelvo a las andadas y un torrente de exabruptos emana de mi boca mientras la lengua se reconforta debajo del grifo. Lo demás ocurre en un instante. Casi sin darme cuenta. Soy capaz de vestirme sin pensar en ello, casi inconsciente. Estoy convencido que un día me voy desnudo de casa y me doy cuenta en el metro. Confirmo que llevo todo lo importante, es decir, el abono transportes, cierro la puerta a mi espalda y enfilo escaleras abajo con la sensación de haberme despertado hace cuatro días y tener una vida entera encerrada en algún lugar de la casa que todavía no he encontrado.

24 julio 2007

COHERENCIA Vs. DEMAGOGIA.


Deleznable. Impresentable, primitivo, demencial. Comparto las voces que se han alzado contra la decisión judicial que quita la custodia a una madre por ser lesbiana. Vamos, faltaría más. Menudo atropello a los valores fundamentales de ésta, nuestra sociedad de bienestar. Quizás transmita cierta ironía en mis palabras, pero lo que me hace sonreír, por no decir sonrojar, es el bochornoso espectáculo que han dado todas esas mujeres que se creen que luchan por la igualdad, cuando en realidad lo que hacen es plantar una pica a favor de la hipocresía y el doble discurso. Quitar la custodia a una persona por su orientación sexual es aberrante. No tener unos principios sólidos y coherentes y trabajar la demagogia como principal arma para mantener los preceptos machistas que más les conviene, también.

He oído decir a la presidenta de la asociación de mujeres separadas y divorciadas que esta sentencia es anticonstitucional, porque se discrimina a una persona por razón de orientación sexual. ¿Es ese mismo artículo el que estipula que no se debe discriminar a nadie por razón de sexo? ¿No es anticonstitucional el que la custodia se de automáticamente a la madre solo por el hecho de ser madre y se le niegue al padre por eso mismo, por ser padre? Que un menor crezca en un hogar en el que hay dos hombres o dos mujeres como figuras adultas no es un riesgo, que un menor crezca en un hogar en el cual reina un discurso incoherente, un falso progresismo, unos valores oportunistas y cambiantes si es un riesgo. Si se lucha por la igualdad, se hace de forma íntegra y coherente, si no, es demagogia e indecencia.

23 julio 2007

SUEÑOS NAUFRAGADOS.


Así permanecerán para siempre los anhelos de tantos inmigrantes que se aventuran a cruzar las frías aguas que les separan de su sueño. Un sueño etéreo y difuso, intoxicado de falsas esperanzas disfrazas tras cortinas materiales de aquellos, que tras su retorno, no quieren contar la difícil verdad que aguarda al otro lado del estrecho. Y así se lanzan, armados de sueños y vestidos de ilusión, a veces con sus hijos a cuestas, amontonados en pequeños espacios a los que los traficantes de seres humanos, infames piratas del siglo XXI, sacan mayor rentabilidad a costa de arriesgar una vida más.

El azote de la realidad se materializa en golpes de mar constantes, nada más empezar la travesía, en la que la ilusión se diluye como un azucarillo, dando paso al sabor amargo de un futuro peor que incierto. Y después, la espera, las noches, los llantos, la sed, el hambre, la espera, la espera, y el horizonte negro. Un pasaje cuyo mayor coste no radica en el esfuerzo de años para reunir el dinero, quizás un préstamo de unos impresentables que mantendrán a toda la familia bajo su yugo hasta que se satisfaga la deuda. El mayor crédito es el concedido a costa de la vida, sin avales, sin garantías. Una vez cruzado y sobrevivido a la travesía queda una tarea no menos dura, no menos ingrata. Trabajos mal remunerados, viviendas infames y caras, una parte de la sociedad autóctona, victimista, estática e improductiva, que en su intento por superar sus frustraciones y carencias, les acusa de expolio por llevarse sus recursos, como antaño se perseguían por robar a las mujeres del poblado, primitivo.

Y todo ello era en origen un sueño, una ilusión, una esperanza. Lo cierto es que las generaciones futuras se beneficiarán de la proeza de sus mayores, de esa primera oleada que tuvo el valor de desembarcar en Europa, como lo hicieron los aliados aquel seis de junio bajo el incesante fuego alemán. Algún día se les reconocerá el esfuerzo, espero, y el sueño de esas cincuenta personas que la semana pasada naufragaron camino de la esperanza, será realidad para los hijos y nietos de los que sí llegaron, sufrieron y se establecieron.

09 julio 2007

¿CULTURA? NO GRACIAS.


Ya he comentado otras veces que soy un firme defensor de los animales. Esto no quita para que los encierros me gusten. No lo considero un maltrato animal aunque es cierto que se somete a los toros a una situación de estrés que dista mucho de la plácida vida campestre. Pero al fin y al cabo los corredores de verdad, los que no van borrachos y corren con prudencia, tienen unas normas éticas, no escritas, en las cuales priman determinadas conductas que tienen por objeto no molestar al toro. Además en esas carreras uno se expone cuerpo a cuerpo con el astado, corren delante de ellos y si la suerte te juega una mala pasada, la cornamenta te la incrusta el animal hasta la apófisis. Reglas del juego chaval y hasta aquí hemos llegado.

Lo que considero una tortura supina es lo de las corridas. Me importa un güevo de pato encebollado si se considera una tradición y si es símbolo de una España tan cenutria como retrógrada. Es cobarde someter a linchamiento público a un animal, por mucho que pese más de media tonelada y que el torero se exponga a una circuncisión por la vía rápida. Quien argumente que es una lucha de igual a igual, miente. Al toro se le debilita y encabrona a base de banderillas, picadores y pases de muleta, lo cual resta fuerzas al animal e inclina la balanza a favor del humano. Todo ello para jolgorio de cientos, miles de espectadores ávidos de sangre y dolor. Por eso me parece estupendo que de pascuas a ramos el toro se lleve por delante al torero, a su traje de luces y a la madre que les parió. Y si el toro salta la barrera (o como se denomine en lenguaje taurino) y se pega un paseo por el pasillo arramplando con todos los que allí se encuentran, tanto mejor y más risas me echo.

La cultura nunca debe estar basada en el dolor ajeno, sea contra personas o contra animales, porque si no, abrimos la veda y nos ponemos a simpatizar con la ablación de clítoris, el burka para las mujeres y otras tantas tropelías que se encuadran en lo que la gente llama cultura. Si esa es la cultura que nos representa yo me borro, casi que me apunto a la lista de los apátridas que no tendrán patria pero por lo menos no amparan ciertas atrocidades que las sustentan. Y puestos a hablar de cultura y tradiciones, en nuestra querida piel de toro ha estado bien visto durante siglos arreglar las afrentas a estocadas, así que los puristas de la cultura que tomen precauciones y sean cautos, no vaya a ser que en un oscuro callejón se les aparezca un caballero ofendido, por una mala voz, por una mujer humillada, por una vuesa merced fuera de lugar, y se encuentren con un palmo de acero atravesando su torso español. Es que las tradiciones son las tradiciones.

06 julio 2007

ESTOY VIVO PARA CONTARLO.


Tenía previsto reflexionar acerca del mercadeo nacional con el tema del “pay per children”, es decir, de “¡Atención, señores y señoras, tengo el niño a 2.500 €!, vamos que lo tiramos, que lo regalamos…”, pero lo dejaré para más adelante, porque esto va a traer cola.

Cambio de tema porque esta mañana he sufrido una experiencia que me ha traumatizado. Una vez más he sido víctima del transporte público. No sabía si iba camino del trabajo o de un horno crematorio. A puntito he estado de cortarme el pelo en el vagón del metro para hacer mantas y ahorrarles el trámite a los verdugos. Lo hubiera hecho si hubiera podido levantar los brazos, pero es que ni eso. Cuando digo que esta mañana me ha costado sudores venir al trabajo, lo digo literal. Lo que pasa es que mi sudor se lo he plantado a otro ser humano, el cual ha tenido a bien prestarme el suyo a lo largo del brazo. Que asco. Insisto, un asco de morirse.

Situación: Siete y media de la mañana. El metro en una localidad a las afueras de Madrid con dirección a la capital. Ya el andén promete. Está hasta las trancas, pero uno confía en su buena suerte ya que me encuentro en la segunda parada de la línea. Llega el convoy. Parezco imbécil. Tanto tiempo cogiendo el metro y aún me hago ilusiones. Con el transporte público de Madrid mantengo una relación bipolar de amor-odio. A ratos lo valoro mucho y a ratos me dan ganas de inmolarme en un descampado al grito de “mecagüentodo”. El caso es que me meto en el vagón como puedo y hasta la siguiente estación tengo un poco de hueco incluso para desplegar el periódico con artes circenses. En un momento dado me giro para ver la gente que entra lo que hace que le incruste mi mochila a una mujer extremadamente bajita que va a mi lado. Me lanza una mirada de esas que hacen que me den ganas de ponerme a sus pies e implorar clemencia. Seguimos avanzando. Entra una mujer con su hijo. Creo reconocer una cabecilla por ahí abajo. Me pregunto como respirará el crío. Hace rato que de cuello para abajo soy sudor y calor, y la cabeza se debate entre el sofoco y el aire acondicionado que me congela las pestañas. Me pregunto si llevar al niño en esas condiciones se considera malos tratos.

Para maltrato el de la torda de al lado. Ésta es enorme, que mal repartido esta el mundo. Si hubieran hecho la media con la víctima de mi mochila, tendríamos dos tías normales. El caso es que mi vecina mostrenca lleva la música a todo trapo. Genial. Además de sentir como se me pega el sudor del tío de la izquierda, así, rollito erótico festivo, brazo contra brazo, tengo que aguantar el Mambo Nº 5 con el que Golliath me taladra las meninges. Creo que estaba a punto de perder el conocimiento, no se si por el agobio, o porque decidí dejar de respirar a los cinco minutos de entrar en el metro y veinte minutos sin ejercitar los pulmones cansa un güevo. El caso es que justo antes de desfallecer llegué a la primera etapa de mi trayecto. Ya solo me quedaba coger otro tren y un autobús.

La verdad es que para mi satisfacción personal el resto del viaje transcurrió sin demasiados problemas. Por supuesto que en el segundo trayecto en metro no pude sentarme, pero tenía un metro cuadrado entero para mi solo, que proporcionalmente y en esa situación, viene a ser como correr desnudo por una pradera verde de Asturias, entre vaques y sobaos pasiegos.

Así que aquí estoy, he sobrevivido y me siento feliz por ello, estas experiencias “al filo de lo imposible” hacen que uno vea la vida de otra manera. Como he visto el final tan cerca y me he dado cuenta de que hay que disfrutar cada segundo, no quiero despedirme sin deciros cuanto os quiero, y que seguiré luchando cada día en esto que llaman transporte público de calidad, con el móvil en la mano y el 112 marcado. Suerte.

03 julio 2007

EL CONTROL DE LA IRA, DE LA MÍA.




Voy a ser comedido. Por aquello del abandono al que he sometido a este espacio en los últimos tiempos. Lo intentaré. Pero es que me ha empezado a echar humo el entrecejo al leer esta mañana que la alcaldesa de Lizartza ha tomado posesión del cargo protegida por fuerzas de seguridad ante el acoso de un grupo de fascistas. Y claro, me he ido corriendo al calendario para ver si efectivamente no nos encontrábamos ya en la edad media, y resulta que si, que marcaba, como yo pensaba, el año 2007. Después me he apresurado a confirmar que me encontraba en España, ese país fascista y colonialista que oprime a las al pueblo vasco sin cesar, pese a ser la autonomía con mayores privilegios del reino, y muy probablemente de la coña marinera esa que llamamos Europa. Y efectivamente me encuentro en la península. Ha sido entonces cuando el humillo del entrecejo ha pasado directamente a ser un fogonazo de incomprensión, de rabia y de ira, ira que he tenido que controlar para que no se transforme en violencia y desee que todo ese atajo de asesinos, torturadores, los que simpatizan con ellos, sus familias colaboradoras necesarias, sus amigos y todo aquel cómplice del terror que extienden por su tan querida patria, sufran en sus carnes la tensión, el acoso y el derribo al que someten ellos a los representantes del pueblo soberano, pueblo que más allá de fronteras autonómicas, lenguas, tradiciones y errehaches del género imbécil ostenta el poder en un país libre y democrático, y que lo seguirá haciendo pese al azote fascista, ultra e irracional de unos asesinos que se vanaglorian de autodenominarse “de izquierdas”, a lo cual, los que creemos en la fuerza del pueblo para construir una sociedad mejor nos dan ganas de potar. Digo.

14 junio 2007

SOBRE OSOS, OSAS Y OTRAS MEMECES.


Si es que soy un frívolo. Yo aquí, preocupadísimo por mi situación personal (motivo por el cual he aparcado temporalmente el blog), por como será el devenir de mi vida y la que no es mía, y resulta que paso por alto una cuestión de ingente trascendencia. Lo reconozco. Me la trae al pairo si el oso del oso y el madroño es oso u osa. Es más, no es que me importe un güevo de codorniz, es que ni siquiera me lo había planteado. Tengo la esperanza de que mucha gente inteligente y con otros quehaceres vitales tampoco se hayan despertado por la noche, empapados en sudor y angustiados, porque no saben el sexo y/o el género del osezno/a.

Es que me lo ponen fácil. Pero fácil fácil. Y la verdad es que me atormenta entrar al trapo de cuestiones que superan con creces el calificativo de banal. Banal soy yo, esto es para echarse a reír y no parar hasta que el animal (espero que las recalcitrantes feministas de la sección “puesytumás” se conformen con el genérico, que yo me cuido muy mucho de no herir sensibilidades) solicite inscribirse en el registro como gato siamés y pida adoptar a las carpas del retiro. Pues nada chicas, vosotros seguid con vuestra ardua tarea en el consejo municipal de la mujer, y mientras la vida discurre de verdad fuera de palacio, mientras siguen chuleando a muchas mujeres por el simple hecho de serlo, mientras vejan y maltratan a las víctimas de violencia doméstica, mientras el alcalde de Valladolid dice que su rival política en las elecciones no vale ni para echar un polvo, mientras la iglesia sigue despreciando a la mujer más allá de la virgen María, vosotras a seguir dilucidando cuestiones de gran trascendencia para el orden mundial como es el sexo del oso y el madroño, símbolo de Madrid. De paso me podíais aclarar si el madroño es tío o tía, que desde que entró en vigor el derecho al voto de la mujer es una cuestión que me tiene desvelado, porque igual es madroña, o coña, o coña marinera, que así mola más. Y paro ya que al final me pierden las formas.