SERVICIOS SOCIALES PARA TODOS Y TODAS. NO A LOS RECORTES

03 agosto 2007

MARÍA HA VUELTO.


Volvemos a contar con la flamante guerrera en nuestras filas. No es nuevo que deje dicho que María San Gil es una mujer que me gusta pese a las irreparables discrepancias políticas que nos separan en ese campo. Pero ayer volvió a lo que llaman “los ruedos de la política” y yo personalmente me alegro, y mucho. Me alegro porque ha vencido a esa mierda de lacra que cada vez nos asola más, y que han llamado cáncer. Me alegro porque la panda de hijos puta que estaban deseando que pasara a mejor vida deben estar tomando bicarbonato de barril. Y seguro que ahí seguirá, defendiendo unos valores que compartimos de forma distinta. Ella mirará a los cobardes que asesinan por la espalda, pero ella lo hará de frente, a los ojos, con dos cojones, y les dirá cuatro cosas, de mi parte, de parte de todos los que no nos atrevemos a hacerlo. Aquellos que consideren que es muy fácil embarcarse en esta lucha con ocho guardaespaldas, que prueben, a ver si tienen tantos güevos como lenguaza.

Feliz vuelta María, dicho queda que me alegro mucho, porque los que estamos del lado de la libertad y la dignidad sabemos que recuperamos un estandarte que no cae por una mierda de cáncer ni por una panda de asesinos. Lo que no nos mata nos hace más fuertes. Ese es nuestro activo. El tuyo.

01 agosto 2007

SÍMBOLOS.


Estaba leyendo la noticia sobre ese dramón humano y social que significa que se obligue al gobierno vasco a poner la bandera española en la academia de la policía autonómica, cuando me he distraído con una banalidad del estilo “Canarias arde”. Como soy de prioridades, me he puesto a divagar sobre los símbolos, como el que nos ocupa en este caso. La bandera española. Me he permitido la licencia de buscar en el diccionario el significado de la palabra símbolo, y hete aquí que me encuentro:

(Del lat. simbŏlum, y este del gr. σύμβολον).
1. m. Representación sensorialmente perceptible de una realidad, en virtud de rasgos que se asocian con esta por una convención socialmente aceptada.

Y entonces me pongo a pensar en lo patéticos que resultamos todos. Por defecto o por exceso, y en ambos casos la mentalidad cerrada de la que hacemos gala, roza lo peligroso. Hay para todos los gustos. Los radicales anti símbolos, que a su vez suelen mostrar una aversión visceral hacia la bandera española, porque es franquista o no se qué. Impasible ignorancia a merced de los necios. También los hay que reniegan de la bandera española pese a hacer uso de innumerables símbolos propios, que van desde el club de ajedrez de Morata del Ridruejo hasta el escudo heráldico de la familia asentada en las tierras patrias (que no son España) desde los tiempos del César. Cuanto más pequeño es el municipio, región o autonomía en cuestión, más patriotas.

Esto me lleva a pensar en el verdadero peligro de los símbolos y como su uso indebido puede fomentar posturas extremistas amparadas en discursos demagógicos vacíos de contenido. Si a esto le sumamos lo sencillo del mensaje que transmite el símbolo en cuestión y la fácil adhesión al mismo, nos encontramos con un caldo de cultivo peligroso en manos de según quien caiga el ánimo de perversión.

Total, que en base a la definición que nos brinda la RAE acerca del término símbolo, unido al hecho de vivir en un país concreto, me parece correcto que la bandera española ondee en los edificios públicos de esta nuestra especie de nación, sin excesos pero sin complejos. Y en la academia de la policía autonómica vasca también.

31 julio 2007

FIESTAS SIN TORTURA.


Aún a riesgo de resultar un poco cansino voy a darme el gusto de recordarme a mi mismo lo cenutrios que somos los seres humanos en general y los españoles en particular para según que cosas. Al fin y al cabo este blog es mío y hago con el lo que se me peta.

El verano ya llegó, ya llegó, ya llegó…Y la fiesta comenzó, comenzó, comenzó (léase con la musiquilla de aquella machacona canción, que como todas de periodo estival hacen que ansíe ver los primeros copos de nieve). Y con las fiestas la barbarie. Nos lanzamos a maltratar animales a diestro y siniestro. Ya hablé de Medinacelli, de los toros en general y así podría poner ejemplos varios para denunciar y poner de manifiesto la bajeza moral de la que hacemos gala. Para deleite de la muchedumbre apresamos a un animal, le martirizamos, le maltratamos y humillamos para finalmente darle muerte de forma vil y cobarde, mientras el populacho, borracho de crueldad, agita sus vasos y sus vergüenzas. Tuve que escuchar a un imbécil, vecino de Oropesa para más señas, decir que el toro embolado de su pueblo no sufre, que simplemente le molestan las chispas que saltan de las bolas de fuego que tiene atadas a la cornamenta. Lo soltó así, con desparpajo y sin ningún disimulo, como si allí no tuvieran suficiente con lidiar con ese escarnio público, horror de la arquitectura y la estética que es Marina D’Or. No jodas. Ya que eres un sinvergüenza, que maltratas a seres indefensos en presencia de niños, encima no alardees. Porque esa es otra. El recinto mortuorio en cuestión está trufadito de pequeños seres humanos que observan atónitos la agonía animal mientras el polo de fresa les chorrea hasta el codo. Me pregunto cual sería el careto del cándido descendiente del mendrugo del telediario, si viera a su papaíto como la madre que le parió le trajo al mundo, con unas bolas ardiendo colgando de los cuernos (si los tuviere) o en su defecto de las pelotas, por ejemplo, que si se trata de dar risa a mi se me atragantan las meninges de la carcajada solo de pensar en el pringado ese, conocedor experimentado del sufrimiento animal, corriendo por la plaza entre la algarabía de los vecinos, mientras le gritan y le tiran de la cola, o el rabo (si tuviera o tuviese). Yo, sereno, cogería por banda al reportero del telediario, y le diría con gesto de saber de lo que hablo, “no, pero si en realidad no sufre, solo le molestan un poco las chispas del fuego, que le chamuscan las pelotas. Y además ¿sabe una cosa? Se lo merece.”



15 días ...

27 julio 2007

¿BUENOS DÍAS?


Suena el despertador. Me levanto. Odio levantarme. Es como si sintiera un golpe de luz en mi cara soñolienta. Ah, no es como, es que he dormido con la ventana abierta. No se porque lo hago. En mi casa la palabra “corriente” no existe. El aire yace vegetativo esperando que alguna ayuda le haga maniobrar. Me rasco. Así, en general, pero a lo bestia, primitivo. Espalda y torso. Me arrastro hasta la cocina y empiezo con la maniobra de reanimación. Tarro de café, tarro de azúcar, leche y taza. Aborto la operación temporalmente para dedicarme a recoger todo lo que he tirado por ahí. Es lo que tiene no despegar los ojos antes de preparar el desayuno. Friego los cúmulos y estratos de leche del suelo, limpio el azúcar y el café espolvoreado por la encimera. Y como colofón pasó esa bayeta que parece una reliquia de la sábana santa por el cerco que deja el fondo de la taza, normalmente un circulo incompleto de mi leche favorita. Ya voy mal de tiempo. Es que no aprendo. No se que alienación cósmica rige mis despertares que cuanto más prisa me doy, menos me cunde el tiempo. Lo llamo el efecto “Momo”. Estoy seguro que si desayunara después de cenar y empezara a prepararme a las doce de la noche, saldría igualmente tarde de casa. Te lo juro de verdad. Donde estaba, que mi mente es un espíritu libre y se dispersa. Vale, si. Mientras irradio el café en el microondas (no se como no estamos todos muertos) me ducho. Este paso es fundamental y garantiza mi supervivencia diaria. No tanto por la limpieza, sino porque se va por el sumidero mi pereza y parte de mi lengua viperina que maldice en arameo y se lamenta de estar vivo para madrugar. Ahora no me seco mucho, así contrarresto la ausencia de aire y la temperatura demencial para la hora que es. Ríete tu del deshielo de los polos. Una mierda. El cambio climático ha empezado en mi casa. Mi lengua recibe su merecido correctivo por las lindezas que profiere. Me la calcino con el café. Vuelvo a las andadas y un torrente de exabruptos emana de mi boca mientras la lengua se reconforta debajo del grifo. Lo demás ocurre en un instante. Casi sin darme cuenta. Soy capaz de vestirme sin pensar en ello, casi inconsciente. Estoy convencido que un día me voy desnudo de casa y me doy cuenta en el metro. Confirmo que llevo todo lo importante, es decir, el abono transportes, cierro la puerta a mi espalda y enfilo escaleras abajo con la sensación de haberme despertado hace cuatro días y tener una vida entera encerrada en algún lugar de la casa que todavía no he encontrado.

24 julio 2007

COHERENCIA Vs. DEMAGOGIA.


Deleznable. Impresentable, primitivo, demencial. Comparto las voces que se han alzado contra la decisión judicial que quita la custodia a una madre por ser lesbiana. Vamos, faltaría más. Menudo atropello a los valores fundamentales de ésta, nuestra sociedad de bienestar. Quizás transmita cierta ironía en mis palabras, pero lo que me hace sonreír, por no decir sonrojar, es el bochornoso espectáculo que han dado todas esas mujeres que se creen que luchan por la igualdad, cuando en realidad lo que hacen es plantar una pica a favor de la hipocresía y el doble discurso. Quitar la custodia a una persona por su orientación sexual es aberrante. No tener unos principios sólidos y coherentes y trabajar la demagogia como principal arma para mantener los preceptos machistas que más les conviene, también.

He oído decir a la presidenta de la asociación de mujeres separadas y divorciadas que esta sentencia es anticonstitucional, porque se discrimina a una persona por razón de orientación sexual. ¿Es ese mismo artículo el que estipula que no se debe discriminar a nadie por razón de sexo? ¿No es anticonstitucional el que la custodia se de automáticamente a la madre solo por el hecho de ser madre y se le niegue al padre por eso mismo, por ser padre? Que un menor crezca en un hogar en el que hay dos hombres o dos mujeres como figuras adultas no es un riesgo, que un menor crezca en un hogar en el cual reina un discurso incoherente, un falso progresismo, unos valores oportunistas y cambiantes si es un riesgo. Si se lucha por la igualdad, se hace de forma íntegra y coherente, si no, es demagogia e indecencia.

23 julio 2007

SUEÑOS NAUFRAGADOS.


Así permanecerán para siempre los anhelos de tantos inmigrantes que se aventuran a cruzar las frías aguas que les separan de su sueño. Un sueño etéreo y difuso, intoxicado de falsas esperanzas disfrazas tras cortinas materiales de aquellos, que tras su retorno, no quieren contar la difícil verdad que aguarda al otro lado del estrecho. Y así se lanzan, armados de sueños y vestidos de ilusión, a veces con sus hijos a cuestas, amontonados en pequeños espacios a los que los traficantes de seres humanos, infames piratas del siglo XXI, sacan mayor rentabilidad a costa de arriesgar una vida más.

El azote de la realidad se materializa en golpes de mar constantes, nada más empezar la travesía, en la que la ilusión se diluye como un azucarillo, dando paso al sabor amargo de un futuro peor que incierto. Y después, la espera, las noches, los llantos, la sed, el hambre, la espera, la espera, y el horizonte negro. Un pasaje cuyo mayor coste no radica en el esfuerzo de años para reunir el dinero, quizás un préstamo de unos impresentables que mantendrán a toda la familia bajo su yugo hasta que se satisfaga la deuda. El mayor crédito es el concedido a costa de la vida, sin avales, sin garantías. Una vez cruzado y sobrevivido a la travesía queda una tarea no menos dura, no menos ingrata. Trabajos mal remunerados, viviendas infames y caras, una parte de la sociedad autóctona, victimista, estática e improductiva, que en su intento por superar sus frustraciones y carencias, les acusa de expolio por llevarse sus recursos, como antaño se perseguían por robar a las mujeres del poblado, primitivo.

Y todo ello era en origen un sueño, una ilusión, una esperanza. Lo cierto es que las generaciones futuras se beneficiarán de la proeza de sus mayores, de esa primera oleada que tuvo el valor de desembarcar en Europa, como lo hicieron los aliados aquel seis de junio bajo el incesante fuego alemán. Algún día se les reconocerá el esfuerzo, espero, y el sueño de esas cincuenta personas que la semana pasada naufragaron camino de la esperanza, será realidad para los hijos y nietos de los que sí llegaron, sufrieron y se establecieron.

09 julio 2007

¿CULTURA? NO GRACIAS.


Ya he comentado otras veces que soy un firme defensor de los animales. Esto no quita para que los encierros me gusten. No lo considero un maltrato animal aunque es cierto que se somete a los toros a una situación de estrés que dista mucho de la plácida vida campestre. Pero al fin y al cabo los corredores de verdad, los que no van borrachos y corren con prudencia, tienen unas normas éticas, no escritas, en las cuales priman determinadas conductas que tienen por objeto no molestar al toro. Además en esas carreras uno se expone cuerpo a cuerpo con el astado, corren delante de ellos y si la suerte te juega una mala pasada, la cornamenta te la incrusta el animal hasta la apófisis. Reglas del juego chaval y hasta aquí hemos llegado.

Lo que considero una tortura supina es lo de las corridas. Me importa un güevo de pato encebollado si se considera una tradición y si es símbolo de una España tan cenutria como retrógrada. Es cobarde someter a linchamiento público a un animal, por mucho que pese más de media tonelada y que el torero se exponga a una circuncisión por la vía rápida. Quien argumente que es una lucha de igual a igual, miente. Al toro se le debilita y encabrona a base de banderillas, picadores y pases de muleta, lo cual resta fuerzas al animal e inclina la balanza a favor del humano. Todo ello para jolgorio de cientos, miles de espectadores ávidos de sangre y dolor. Por eso me parece estupendo que de pascuas a ramos el toro se lleve por delante al torero, a su traje de luces y a la madre que les parió. Y si el toro salta la barrera (o como se denomine en lenguaje taurino) y se pega un paseo por el pasillo arramplando con todos los que allí se encuentran, tanto mejor y más risas me echo.

La cultura nunca debe estar basada en el dolor ajeno, sea contra personas o contra animales, porque si no, abrimos la veda y nos ponemos a simpatizar con la ablación de clítoris, el burka para las mujeres y otras tantas tropelías que se encuadran en lo que la gente llama cultura. Si esa es la cultura que nos representa yo me borro, casi que me apunto a la lista de los apátridas que no tendrán patria pero por lo menos no amparan ciertas atrocidades que las sustentan. Y puestos a hablar de cultura y tradiciones, en nuestra querida piel de toro ha estado bien visto durante siglos arreglar las afrentas a estocadas, así que los puristas de la cultura que tomen precauciones y sean cautos, no vaya a ser que en un oscuro callejón se les aparezca un caballero ofendido, por una mala voz, por una mujer humillada, por una vuesa merced fuera de lugar, y se encuentren con un palmo de acero atravesando su torso español. Es que las tradiciones son las tradiciones.

06 julio 2007

ESTOY VIVO PARA CONTARLO.


Tenía previsto reflexionar acerca del mercadeo nacional con el tema del “pay per children”, es decir, de “¡Atención, señores y señoras, tengo el niño a 2.500 €!, vamos que lo tiramos, que lo regalamos…”, pero lo dejaré para más adelante, porque esto va a traer cola.

Cambio de tema porque esta mañana he sufrido una experiencia que me ha traumatizado. Una vez más he sido víctima del transporte público. No sabía si iba camino del trabajo o de un horno crematorio. A puntito he estado de cortarme el pelo en el vagón del metro para hacer mantas y ahorrarles el trámite a los verdugos. Lo hubiera hecho si hubiera podido levantar los brazos, pero es que ni eso. Cuando digo que esta mañana me ha costado sudores venir al trabajo, lo digo literal. Lo que pasa es que mi sudor se lo he plantado a otro ser humano, el cual ha tenido a bien prestarme el suyo a lo largo del brazo. Que asco. Insisto, un asco de morirse.

Situación: Siete y media de la mañana. El metro en una localidad a las afueras de Madrid con dirección a la capital. Ya el andén promete. Está hasta las trancas, pero uno confía en su buena suerte ya que me encuentro en la segunda parada de la línea. Llega el convoy. Parezco imbécil. Tanto tiempo cogiendo el metro y aún me hago ilusiones. Con el transporte público de Madrid mantengo una relación bipolar de amor-odio. A ratos lo valoro mucho y a ratos me dan ganas de inmolarme en un descampado al grito de “mecagüentodo”. El caso es que me meto en el vagón como puedo y hasta la siguiente estación tengo un poco de hueco incluso para desplegar el periódico con artes circenses. En un momento dado me giro para ver la gente que entra lo que hace que le incruste mi mochila a una mujer extremadamente bajita que va a mi lado. Me lanza una mirada de esas que hacen que me den ganas de ponerme a sus pies e implorar clemencia. Seguimos avanzando. Entra una mujer con su hijo. Creo reconocer una cabecilla por ahí abajo. Me pregunto como respirará el crío. Hace rato que de cuello para abajo soy sudor y calor, y la cabeza se debate entre el sofoco y el aire acondicionado que me congela las pestañas. Me pregunto si llevar al niño en esas condiciones se considera malos tratos.

Para maltrato el de la torda de al lado. Ésta es enorme, que mal repartido esta el mundo. Si hubieran hecho la media con la víctima de mi mochila, tendríamos dos tías normales. El caso es que mi vecina mostrenca lleva la música a todo trapo. Genial. Además de sentir como se me pega el sudor del tío de la izquierda, así, rollito erótico festivo, brazo contra brazo, tengo que aguantar el Mambo Nº 5 con el que Golliath me taladra las meninges. Creo que estaba a punto de perder el conocimiento, no se si por el agobio, o porque decidí dejar de respirar a los cinco minutos de entrar en el metro y veinte minutos sin ejercitar los pulmones cansa un güevo. El caso es que justo antes de desfallecer llegué a la primera etapa de mi trayecto. Ya solo me quedaba coger otro tren y un autobús.

La verdad es que para mi satisfacción personal el resto del viaje transcurrió sin demasiados problemas. Por supuesto que en el segundo trayecto en metro no pude sentarme, pero tenía un metro cuadrado entero para mi solo, que proporcionalmente y en esa situación, viene a ser como correr desnudo por una pradera verde de Asturias, entre vaques y sobaos pasiegos.

Así que aquí estoy, he sobrevivido y me siento feliz por ello, estas experiencias “al filo de lo imposible” hacen que uno vea la vida de otra manera. Como he visto el final tan cerca y me he dado cuenta de que hay que disfrutar cada segundo, no quiero despedirme sin deciros cuanto os quiero, y que seguiré luchando cada día en esto que llaman transporte público de calidad, con el móvil en la mano y el 112 marcado. Suerte.

03 julio 2007

EL CONTROL DE LA IRA, DE LA MÍA.




Voy a ser comedido. Por aquello del abandono al que he sometido a este espacio en los últimos tiempos. Lo intentaré. Pero es que me ha empezado a echar humo el entrecejo al leer esta mañana que la alcaldesa de Lizartza ha tomado posesión del cargo protegida por fuerzas de seguridad ante el acoso de un grupo de fascistas. Y claro, me he ido corriendo al calendario para ver si efectivamente no nos encontrábamos ya en la edad media, y resulta que si, que marcaba, como yo pensaba, el año 2007. Después me he apresurado a confirmar que me encontraba en España, ese país fascista y colonialista que oprime a las al pueblo vasco sin cesar, pese a ser la autonomía con mayores privilegios del reino, y muy probablemente de la coña marinera esa que llamamos Europa. Y efectivamente me encuentro en la península. Ha sido entonces cuando el humillo del entrecejo ha pasado directamente a ser un fogonazo de incomprensión, de rabia y de ira, ira que he tenido que controlar para que no se transforme en violencia y desee que todo ese atajo de asesinos, torturadores, los que simpatizan con ellos, sus familias colaboradoras necesarias, sus amigos y todo aquel cómplice del terror que extienden por su tan querida patria, sufran en sus carnes la tensión, el acoso y el derribo al que someten ellos a los representantes del pueblo soberano, pueblo que más allá de fronteras autonómicas, lenguas, tradiciones y errehaches del género imbécil ostenta el poder en un país libre y democrático, y que lo seguirá haciendo pese al azote fascista, ultra e irracional de unos asesinos que se vanaglorian de autodenominarse “de izquierdas”, a lo cual, los que creemos en la fuerza del pueblo para construir una sociedad mejor nos dan ganas de potar. Digo.

14 junio 2007

SOBRE OSOS, OSAS Y OTRAS MEMECES.


Si es que soy un frívolo. Yo aquí, preocupadísimo por mi situación personal (motivo por el cual he aparcado temporalmente el blog), por como será el devenir de mi vida y la que no es mía, y resulta que paso por alto una cuestión de ingente trascendencia. Lo reconozco. Me la trae al pairo si el oso del oso y el madroño es oso u osa. Es más, no es que me importe un güevo de codorniz, es que ni siquiera me lo había planteado. Tengo la esperanza de que mucha gente inteligente y con otros quehaceres vitales tampoco se hayan despertado por la noche, empapados en sudor y angustiados, porque no saben el sexo y/o el género del osezno/a.

Es que me lo ponen fácil. Pero fácil fácil. Y la verdad es que me atormenta entrar al trapo de cuestiones que superan con creces el calificativo de banal. Banal soy yo, esto es para echarse a reír y no parar hasta que el animal (espero que las recalcitrantes feministas de la sección “puesytumás” se conformen con el genérico, que yo me cuido muy mucho de no herir sensibilidades) solicite inscribirse en el registro como gato siamés y pida adoptar a las carpas del retiro. Pues nada chicas, vosotros seguid con vuestra ardua tarea en el consejo municipal de la mujer, y mientras la vida discurre de verdad fuera de palacio, mientras siguen chuleando a muchas mujeres por el simple hecho de serlo, mientras vejan y maltratan a las víctimas de violencia doméstica, mientras el alcalde de Valladolid dice que su rival política en las elecciones no vale ni para echar un polvo, mientras la iglesia sigue despreciando a la mujer más allá de la virgen María, vosotras a seguir dilucidando cuestiones de gran trascendencia para el orden mundial como es el sexo del oso y el madroño, símbolo de Madrid. De paso me podíais aclarar si el madroño es tío o tía, que desde que entró en vigor el derecho al voto de la mujer es una cuestión que me tiene desvelado, porque igual es madroña, o coña, o coña marinera, que así mola más. Y paro ya que al final me pierden las formas.

10 junio 2007

UNA CUESTIÓN DE HONOR.


El otro día caminaba yo por un parque cuando me topé con un tropel de niños (con permiso de feministas y otras radicales del género utilizo el término machista y ofensivo “niños” para referirme a niños y niñas) al borde de la adolescencia. Todos muy alborotados como corresponde a esta época del año, a punto de entrar en periodo vacacional y con las temperaturas en aumento.

De pronto y sin que fuera capaz de averiguar el porqué, se lanzaron todos a una carrera sin cuartel, en la misma dirección, entre gritos y risas. ¿He dicho todos? Pues no, todos menos dos. Estos dos seres humanos, infantes cándidos y risueños, mostraron la misma sorpresa que un servidor, y sus caras de perplejidad daban fe de las dudas que les invadían en ese momento. Sus ojos coincidieron u instante, se miraban, no entendían el motivo de semejante espantada, cuando de pronto uno de ellos exclamó “¡El último es un cerdo!”. Cielos, pensé, desde luego que la razón de tan exhausta carrera estaba justificada, vive Dios, se trataba de una cuestión de honor, porque el último en llegar a la meta marcada, se convertiría, al menos por un instante en el cerdo del grupo, un puerco, un marrano, y es bien sabido que a esas edades nadie se puede permitir semejante humillación.

Casi no había terminado la frase, cuando el que la había pronunciado había puesto ya tierra de por medio, en una agónica carrera hasta donde se encontraban sus compañeros, a salvo de la reencarnación porcina. El segundo, no se si petrificado por tan ruin destino, tardó un poco más en echar a correr, pero mientras lo hacía, se le ocurrió alterar las bases de la prueba a la desesperada, a ver si colaba, que el español desde pequeño es ingenioso para alterar el destino, máxime si éste se nos pone en contra. “¡Y el penúltimo gilipollas!”. Toma ya. Así sobre la marcha se le ocurrió que según su escala de valores era mucho mas fino ser un cerdo que un gilipollas. No haré ninguna valoración al respecto ya que para gustos están los colores y si uno prefiere ser un puerco antes que un gilipollas, perfecto (yo aún estoy dirimiendo mi preferencia, que no lo tengo claro).

En fin, que no creo que la última modificación de las bases fuera del todo válida, ya que las prisas que se daba el mentor de la misma por llegar a la meta me hacía pensar que o prefería finalmente ser un gilipollas, o estaba convencido de que su propuesta sería desestimada.

Observaba todo esto con un punto de melancolía, recordando cuando mi vida giraba entre esos derroteros, cuando mis problemas se circunscribían a notas escolares, a niñas que me gustaban, a las canicas que perdía o a las carreras cuya mayor recompensa era salvar el honor personal. Y es que uno considera que la vida de adulto es complicada, pero ¿Quién dijo que ser pequeño fuera tarea fácil?

18 mayo 2007

EL FUTURO DE LOS PERVERSOS.


La perdición de los justos no es sino la imposición de los perversos. Aquellos que causan mal sin ser conscientes o aun siéndolo no muestran el menor remordimiento por ello. Los perversos se imponen generalmente con el respaldo de sus propias conciencias, con la seguridad personal de considerar que sus actos, por devastadores que sean, están justificados por un bien superior que justifica su acción. Mientras ellos siembran vientos, las tempestades azotan a los más débiles, la onda expansiva de sus amenazantes imposiciones hace pedazos aquello que toca, siembran dolor en campos áridos de donde no sacarán cosecha. Esa ausencia de frutos alimenta su propia victoria, el triunfo de su fuerza frente al trabajo constante de los que quieren un mundo más justo. Justicia social. La antítesis del ideario perverso que busca como principal recompensa el crecimiento personal aun siendo a costa del interés colectivo. Acciones rápidas, contundentes y demoledoras, lo que sea para conseguir por la vía rápida el triunfo sobre los otros, para coronarse como autoridad superior frente a los que desprecia. Al resto.

Pero dentro de este desolador panorama, nos ampara la historia. Cuanto más hondo caemos en el pozo de la desesperación los doblegados, más posibilidades de ascender tenemos con el paso del tiempo, y una vez que nuestro ánimo y nuestra realidad han quedado reducidos a cenizas, ya solo nos queda renacer y volar hacia la luz que perdimos al inicio de la caída. No queda nada por perder, solo podemos remontar. Y entonces surge el espíritu de superación, la resiliencia que nos alimenta en un camino duro en el cual no hay riesgos que asumir, nada podemos perder ya que viajamos con las alforjas vacías. Solo nos queda la dignidad de haber actuado conforme a las básicas normas de civismo, esas normas que se rigen por la integridad que desprecia el perverso, integridad que a la larga engrandece a los que un día fueron subyugados.

La historia siempre ha terminado por colocar a cada uno en su sitio, tarde o temprano los perversos caen, y la vida es demasiado larga como para confiar en la suerte de una imposición amenazante. Ellos, los perversos, terminan por desconfiar de todos, por quedarse solos en su caótico intento por mantener un poder que nunca les fue concedido, sino que fue impuesto con malas artes, y la soledad acaba por minar al más fuerte. Su caída suele ser lenta pero inexorable, y una vez toman conciencia del inicio del fin de su imperio procuran infligir el mayor daño posible a sus semejantes, en una demente carrera hacia delante, carrera que tiene de manera irremediable como fin el más oscuro de los abismos.

No se trata de saber cuando está escrito que caigan los perversos, se trata de saber cuanto pueden aguantar aquellos que viven bajo su yugo. Una vez más la historia nos ampara, siempre quedan entre los justos, suficientes espíritus libres que resisten incansables al desaliento, a que se produzca esa caída. Entonces comenzará la rebelión, una acción certera y planificada durante todo el tiempo que estuvieron inmersos bajo el manto oscuro de la perversión, y es ahí, y solo en ese momento, cuando triunfa la decencia y la integridad, ambos acumulados dentro de los corazones y las almas que no pudo violar la violencia y la fuerza.

Habrá sido una lucha larga, como larga fue la espera e intensa la paciencia para librarse de las cadenas, pero tarde o temprano, con mayor o menor dolor, esas cadenas se rompen, y los condenados se rebelan. Entonces se iniciará un periodo en el que de forma irremediable se impondrá la justicia social, y los perversos serán desterrados para siempre.

15 mayo 2007

EL LETARGO TEMPORAL CONTINÚA...



No son pocos los temas que me gustaría haber tratado estos días... Pero ni tengo tiempo ni neuronas disponibles para ocuparme de mi diario cibernético... A veces ni ganas, y eso si que me preocupa más... No obstante ésto es una pausa temporal, y una vez resuelto el Sudoku Vital en el que ando inmerso, prometo volver con fuerzas (lo digo como si a alguien le importara...je) y actualizar este humilde blog como venía haciendo. Reitero mi agradecimiento a todos aquellos que me habéis leído y que seguro volveréis a leerme. Gracias y lamento la espera.














04 mayo 2007

SEÑORA DOÑA ISABEL PANTOJA (Marianico dixit).


En su deriva hacia la parcialidad, la desmesura y el despropósito, los dirigentes del pepé ya no saben que argumentos vomitar a los medios de comunicación. Ahora resulta que la presunta estafadora y dilapidadora de fondos públicos Isabel Pantoja, es ahora la pobre “Señora Doña Isabel Pantoja”. Y pobrecita mía, insisto, que la meten en la cárcel con “nocturnidad y alevosía” mientras el cabrón de De Juana Chaos se da paseítos con su novia por el parking del hospital (sutil matiz importante de señalar, ya que los voceros del pepé han dicho que se pasea por la calle).

Pues nada, que como el cerdo sanguinario ese se ha salido con la suya (relativamente), pues que todo el mundo se ponga a delinquir, y si lo hacen los que ya son de por si ricos, pues mejor. Si no que se lo digan a Zaplana y a Julio Iglesias, que ambos saben de negocios turbios en las costas levantinas. Ahí estará el pepé para dar la cara por ellos.

Hay que mostrar coherencia señores del pepé, y si bien es cierto que es absolutamente normal que os joda que la gente mate, a cualquier ciudadano ¿Cómo era?, ah si, a cualquier ciudadano de bien, le jode igual que a vosotros (parece que aquí las únicas víctimas pasean un albatros en la solapa), hay que mostrarse igual de firme y contundente con la gente que estafa, porque en ese sentido se os ve muy pero que muy tolerantes y laxos. Esta apreciación la hago extensible a todos los partidos, o por lo menos a los que tiene oportunidad de estafar, claro está.

No obstante debo decir que vuestra actitud ha pasado de ser irritante a ser ya francamente bochornosa, rozando lo friki. A la conclusión a la que llego es que el gobierno debe de estar haciendo las cosas muy requetebién para que os paséis la vida con De Juana y la seguridad ciudadana en la boquita. Ni una palabra del paro, de la economía, de las pensiones, de las políticas sociales… Si no sabéis que significan estas cosas, consultad en wikipedia. Y cambiad de discurso por favor, que estamos de vuestro trinomio MIEDO-AMENAZA-TRAICIÓN hasta el cigoto. He dicho.

01 mayo 2007

OTRA PRINCESITA...


Otra boca que alimentar. Vaya por delante mis felicitaciones a los padres de la recién nacida, Sofía de todos los Santos, les felicito a ellos y a todos los padres que hayan tenido vástagos estos días. La verdad es que a estos últimos les doy la enhorabuena y les deseo lo mejor, con sus sueldos que en algunos casos serán miserables, con sus noches en vela, con sus listas de espera para guarderías, con sus largos ratos en la sala de espera del pediatra, con sus responsabilidades.

A los protagonistas de las noticias de estos días, los príncipes de Asturias y su recién estrenada segunda hija, les deseo igualmente lo mejor, pero a mi, como español, me da mucho por saco que tenga que alimentar a otro ser humano con mis impuestos, máxime cuando ese ser humano es la futura hermana de la futura reina de España. Así, por la gracia de dios, o de no se que tradición obsoleta y retrógrada que arrastramos en este país. Que en pleno siglo XXI tengamos que soportar que la jefatura de Estado sea propiedad privada y vitalicia de una familia, no me entra en la cabeza, y mira que la tengo grande.

La familia real va a aumentar la tasa de natalidad de España ellos solitos, no hacen más que parir, pero claro, cuando la máxima preocupación para con los vástagos, es ver con que princesita o princesito europeo se va a desposar en el futuro, supongo que es fácil convertir tu palacete en una guardería. Ellos no saben de administrar una nómina, dos en el mejor de los casos, no saben de listas de espera, de no alcanzar la puntuación para obtener ayudas públicas (y algo me dice que no la alcanzarían), de rebuscar entre distintos establecimientos para encontrar los pañales más baratos, y en definitiva todas esas cosas que debe hacer el populacho que les proporciona sustento vitalicio. Debemos ser gilipollas.

Lo dicho, les deseo de corazón lo mejor como familia a secas, mucha felicidad, y salud. Sobretodo Salud, y República.

25 abril 2007

TORTURA MAÑANERA.


Son las ocho y media de la mañana y odio a la humanidad, me pone enfermo que la gente sea feliz y no le echo las manos al cuello a la Espe porque no la tengo a mano. Ayer me quedé tirado con el coche, tuve que llamar a la grúa y solo llegué una hora tarde a recoger a mi hijo. Hasta ahí no veréis muy clara la relación con la presidenta de esta nuestra comunidad.

Pues ahí va. Quede dicho de antemano que mi terapeuta está seguro que verbalizar mis frustraciones (y últimamente tengo unas cuantas) me hará mirar hacia delante. Esta mañana me despierto diez minutos antes. Me ducho, mientras me tomo el café, me lavo los dientes mientras me visto, me calzo mientras friego la taza del desayuno (¿no cuela esto último no?, venga va, que es coña, nunca friego por la mañana) y salgo disparado por la puerta camino de mi entrañable y querida obligación laboral. Por supuesto que como ser aplicado que soy, el cual odia por encima de muchas cosas la impuntualidad, ayer estuve repasando minuciosamente los horarios de los diferentes buses que me podían llevar al curro.

Primera fase del vía crucis. Debo recorrer cinco estaciones de metro, que finalmente se convierten en tiempo en algo similar a haber dado la vuelta a los cinco continentes. Nada más llegar me las prometía felices. Llego al andén justo cuando hace entrada mi tren, y además está medio vacío, menuda suerte. Los cojones. Cinco estaciones, diez paradas del vagón. Veinte minutos para recorrer un trayecto en el cual no se debiera invertir más de diez. Me armo de paciencia, me quito la chaqueta y abro el periódico. Calma Ignacio.

Llego a Moncloa. Tentado estoy en abrirme paso a machetazos entre lo que parecen juncos apiñados en los vestíbulos del intercambiador. Afortunadamente reconozco en esos juncos formas humanoides y envaino mi espada. Cuando llego a las dársenas (bonita palabra ¿eh?) tres colas de seres humanos dormidos y disciplinados en cada punto de parada hacen que me sienta un poco perdido. En los scouts no me prepararon para esto y ahora me pregunto de qué coño me sirve ahora saber hacer fuego con dos piedras o encontrar la salvación a través de un mapa del ejército. Por supuesto que pese a todo llego a la parada en tiempo para coger el autobús previsto, soy cauto y como ya he dicho, no me gusta llegar tarde.

Ni rastro del puto autobús. Nada, rien, niet, nein. Eso si, por autobuses que no sea. El intercambiador está petado de autobuses, cada cual más lleno. Cuando ubico la cola que debo guardar y llega el bus, subo, voy a pagar, y ¡Oh campos de soledad mustios collados!, por no decir algo más malsonante. No me cogen el billete de diez euros. Maldigo a diestro y siniestro y bajo de nuevo al metro a ver si consigo que me cambien el dichoso billete. Al final tengo que comprarme un bonometro en la única de las ocho máquinas expendedoras que funciona para conseguir calderilla, y por supuesto, pierdo el bus.

Cojo el siguiente después de guardar religiosamente la cola, que en esos momentos se ha alargado monstruosamente. Consigo asiento, por lo que me siento (nunca mejor dicho) un privilegiado, y tras el arranque y mucho tráfico, llego al trabajo solo veinte minutos tarde.

El resultado de mi periplo por el transporte público de Madrid se salda con un retraso de veinte minutos, más de cinco euros gastados en el desplazamiento entre la ida y la vuelta, y un cabreo supino que no consigo quitarme en toda la mañana, máxime cuando soy consciente, sumido entre la incertidumbre y el terror, de que me queda todo el trayecto de vuelta a casa.

Si va a tener razón la publicidad de Telemadrid: Espe jode lo que somos. Y yo, deseando recuperar mi coche para contaminar la ciudad, pero así salvaguardar mi salud mental.

20 abril 2007

LA IGUALDAD TIENE TRAMPA.


Al hilo de la situación en la que me encuentro en la actualidad, me asaltan determinadas dudas. Y me pregunto porqué, yo persona de pleno derecho de esta sociedad en la que vivo, me tengo que encontrar en una situación de desigualdad que no es sino la perpetuación del machismo imperante desde hace siglos. Queremos igualdad. Si. Si, pero… Nadie va a estar más a favor que yo en lo que se refiere a la igualdad de la mujer y el hombre. Apoyo a las mujeres en su lucha por ser miembros activos de participación en todos los ámbitos de la sociedad. La igualdad sería algo así como conseguir que participen al cincuenta por ciento en todos los ámbitos de la vida, a nivel laboral, social, familiar…

Y aquí radica la trampa. Quieren participar al cincuenta por ciento en todo menos en una cosa. En relación a los hijos quieren mantener una autoridad que tiene sus raíces en la concepción machista de mujer como ama de casa y al servicio de la familia. Para eso no queremos igualdad, solo queremos hacer la revolución en aquellos aspectos en los que consideramos que estamos en inferioridad. En los otros, y concretamente en los aspectos relacionados con los hijos, quieren seguir manteniendo una dictadura férrea con la tranquilidad de saber que el poder judicial las ampara.

Entonces me he puesto a pensar en las leyes contra la violencia de género. Trabajo a diario con mujeres maltratadas y me alegra el hecho de que pongan a mi servicio herramientas para optimizar mi labor en este sentido. Pero, ¿Porqué lo llaman violencia de género?. En estas leyes no se hace referencia al hombre sino es como agresor, nunca se habla de él como posible víctima. Según la RAE la definición de género es la siguiente:

(Del lat. genus, genĕris).
1. m. Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes.
2. m. Clase o tipo a que pertenecen personas o cosas.


Estas definiciones me llevan a pensar que lo femenino tiene tanto de género como lo masculino, pero en la ley se da por hecho, y como tal se aplican las leyes, que el agresor es el género masculino y la víctima, el género femenino. Con lo cual la ley debiera llamarse Ley de prevención de violencia de género masculino sobre el femenino.

Volviendo a la mencionada ley (en este caso la Ley de la C.A. de Madrid 5/2005, de 20 de diciembre, integral contra la violencia de género de la Comunidad de Madrid.) que protege a la mujer y en ningún caso al hombre, su artículo segundo de su título segundo recoge:

La Violencia de Género a que se refiere la presente Ley comprende toda agresión física o psíquica a una mujer, que sea susceptible de producir en ella menoscabo de su salud, de su integridad corporal, de su libertad sexual, o cualquier otra situación de angustia o miedo que coarte su libertad. Asimismo, se considera Violencia de Género la ejercida sobre los menores y las personas dependientes de una mujer cuando se agreda a los mismos con ánimo de causar perjuicio a aquélla.


Si cambiamos el concepto “mujer” (único género protegido por esta ley) por el de “hombre” nos sale como resultado cientos o miles de padres maltratados diariamente sin ninguna protección o amparo. El problema es que en este país no se considera violencia contra un ser humano el hecho de que éste solo pueda disfrutar de un treinta por ciento de la vida de su hijo, se sigue considerando natural, que pese a gozar de exactas condiciones socio laborales y económicas ambos progenitores, la mujer tenga un derecho natural y prioritario sobre el hijo menor. Pues es una pena, y yo lucharé contra esta injusticia, porque tan natural es que la mujer tenga preferencia en el contacto con un hijo como que no tenga derecho a votar. ¿O ambas son reminiscencias machistas? La madre impone y el juez dispone. La violencia y la igualdad son cosas de todos, basta ya de hipocresía.

11 abril 2007

&%&$@+`^^稨ç¨!!!?¿?/&%/&%¿?¿?¡'¡'


No me sale. Sencillamente no me sale. Y lo que me podría salir no quiero colgarlo aquí. Temporalmente me encuentro cortocircuiteado, por lo que hasta nueva orden, no se si dos horas o dos semanas, me declaro de baja bloggera. Gracias a los que entráis y leéis lo que escribo, y también gracias a los que no lo hacéis.

Besitos.

04 abril 2007

NO SE ADMITEN DEVOLUCIONES.


Como estamos a puntito de comenzar la Semana Santa laboralmente hablando, me voy a unir a la DGT en pedir prudencia en la carretera.

Mucha gente va a conducir hasta su lugar de vacaciones, gente conocida y gente que no lo son, y que espero que no me los presenten en el telediario de las tres.

Lo malo de los accidentes de tráfico es que ocurren de verdad, y que le pueden ocurrir a cualquiera. No solo hay que ser prudente, sino que hay que estar atento a los demás conductores, sobretodo de esos que no son tan prudentes, y en su ánimo indecente y suicida, les suda el hipotálamo si se llevan a una familia entera por delante. Lo malo de palmarla o de quedarse tullido es que es como ser boy scout. Es para toda la vida. Un fiambre que yace en la cuneta no puede decir “oiga que me arrepiento, no estoy satisfecho con el resultado, así que devuélvame la vida”. Que va. Te jodes y estás muerto. Y por cierto que no solo te jodes tú, jodes a tus padres, para los cuales la vida dejará de tener sentido de forma fulminante (acarrearán esa pena toda la vida, como una cadena perpetua), joderás a tu pareja (ella encontrará tarde o temprano un sustituto, espero que más sensato y menos gilipollas que tu) y ella también perderá un trocito de su vida, joderás a tus amigos, a toda la gente que te quiere. Lo de quedarse tullido es una putada, y en este caso es una putada muy grande para ti, pero también para los que te rodean. Por hacer el cafre les has montado un pitote que lo flipas. Tienen que cargar contigo por los siglos de los siglos.

Invertir un rato más en llegar a tu lugar de destino es la mejor inversión que te puedes imaginar. Tiene una rentabilidad impresionante. Una horita más de viaje, a una velocidad prudente, con las pertinentes paradas, manteniendo la distancia de seguridad y ¡bingo!, ¡Siempre toca señorita y señorito!, de premio una vida entera por delante para disfrutar de uno mismo y de los demás, para decidir si se quiere ser feliz o no, para pensar en lo que se quiere hacer, conseguir, sin que una barra de hierro te atraviese el gaznate en la autopista por hacer el capullo, todo aquello que soñaste, o quizás no, pero vivo, que es un elemento importante en la vida diaria.

Pues eso, no hagáis el imbécil y estad atentos a la carretera, que hay muchos accidentes fruto de la mala suerte y un azar cabrón que te clava la estaca en el momento más inesperado. Pero muchas de las tragedias en la carretera son consecuencia de la imprudencia, de la chulería, de las prisas, del egoísmo de una actitud irresponsable e irreflexiva, porque nadie lo piensa, nadie es conciente de lo que puede ocurrir, porque se mire como se mire, morirse es una putada. ¿O no?.

03 abril 2007

FE SE ESCRIBE CON R.


R de Rouco Varela. La iglesia es implacable. Lo dije hace unos días, como también afirmé que el que se embarca en semejante viaje, con semejantes patrones de la moral, sabe a lo que se arriesga. Estoy un poco confundido. Toda mi infancia y parte de mi adolescencia siguiendo los caminos del señor, acudiendo a catequesis, a misa los domingos y con un convencimiento de pura inercia sobre mi supuesta fe. Abandoné el redil y los vericuetos de mi vida no solo me alejaron de la doctrina de la iglesia, sino que borraron cualquier atisbo de fe que hubiera podido anidar en mí. Yo no creo en dios. Yo creo en los hombres. Pero ni con esas me libro.

Resulta que cuando acudía a catequesis, me enseñaron que un tal Jesús, predicaba entre los pobres, vivía de forma austera, se juntaba con los marginados, los proscritos, obraba milagros, curaba a los enfermos, se juntaba con los niños, repudiaba a los mercaderes del templo, dejaba a la manada para buscar y recoger a una oveja perdida. Y yo flipando. El Ché Guevara me pareció un mierdecilla al lado de semejante revolucionario. Pero entonces llegó la iglesia, con su maquinaria implacable, con su doctrina y afán intervencionista en la vida de los hombres y mujeres que aún sintiéndose libres, se subyugan a las pautas establecidas por un Vaticano burgués e imperialista.

Y la fe se escribió con R de Rouco. Y este magnate del espíritu, especulador de la moral, decidió cerrarles el chiringuito a los pobres, dar la espalda a las familias más necesitadas y dar al traste con la esencia del espíritu cristiano predicado por Jesús. La parroquia de Entrevías se cierra. Su catequesis no es homologable, sus misas no se ajustan a la doctrina de pensamiento único vaticano, por lo tanto, y como ya hicieron con los Teólogos de la Liberación, hay que convertirlos en proscritos.

Pero el pueblo, el barrio de Entrevías ha dicho que no. Que la Iglesia, la de verdad, la que se escribe con mayúsculas, somos todos. Porque así lo dijo Jesús, y si hay que luchar contra la infame conferencia episcopal, se lucha, si hay que plantar cara a Rouco, que descansa tranquilo rodeado de una vida opulenta, se hace. El vive alejado de los pobres, lejos de las realidades que se viven en España y en países del llamado Tercer Mundo, mientras muchos sacerdotes y monjas se baten en duelo por todos los rincones del mundo contra el SIDA, la malaria, el tifus, la pobreza, la droga, el hambre. ¿Sabe usted lo que es el hambre señor Rouco Varela? Si Jesús le hubiera pillado en el templo le hubiera sacado de ahí a ostias.

Hoy, yo también soy parroquiano de San Carlos Borromeo, "la Iglesia Roja". Entrevías en Lucha. Hasta la Victoria Siempre.