Hoy
mi entrada, mi pensamiento y mi solidaridad van para la mina. En concreto para
las mujeres de esos mineros que bajan a las profundidades de la tierra para
sacar carbón. Y es posible que algún ecoverde me critique porqué el carbón es
muy malo malísimo para la capa de ozono y para noseque más cosas, pero hoy no
hablo de medio ambiente, hoy quiero hablar de lucha y dignidad.
Quiero
honrar a los que no solo saben de bajar en lúgubres ascensores a su tajo, sino
que siempre han liderado, junto con los astilleros, la lucha obrera, los que
han sabido plantar cara al poder, a los come mierda de despacho que se jactan
de sus negocios mientras un trabajador empieza a escupir sangre, porque han
sido muchos años escupiendo negro.
Y
hoy en especial a sus mujeres, que con sus cascos y sus ovarios entraron en el
Senado, ese reducto del pleistoceno en el que los dinosaurios de la política
española justifican un elevadísimo salario a cuenta de no se que vainas
regionalistas. Que nos vamos a ir todos a la mierda pero cada uno en su idioma.
De puros lerdos damos lástima.
Pues
ahí fueron, y se encararon con la policía, esos tipos y tipas de azul al
servicio de la dictadura del gobernante. Y nos demostraron a todos como ellas
también dan la cara, como sin bajar a la mina tienen la piel curtida. Y lo que
es peor, el ánimo. Curtidas en la lucha y en la angustia de ver marchar cada
día a sus hijos, maridos, padres y hermanos a una jornada de tajo que les
acabará pasando factura, porque la mina siempre lo hace. Pero tienen la esperanza
que el pago no se cobre ese día, que sea más adelante, que sea con los años,
que empiece por una tos y no con una llama que se apaga de repente, ni con un
desprendimiento inesperado.
Por
eso hoy, desde este humilde espacio compañeras os animo y os agradezco el
esfuerzo, porque en este país estamos demasiado acostumbrados a protestar
dentro del redil autorizado, tememos pasar determinadas líneas, sin darnos
cuenta que son las líneas que nos imponen los poderosos y nos hacen creer que
dividen la moral, cuando lo que marcan esas rayas rojas que tanto mentan es el
límite de su atalaya y desvergüenza y por eso temen que las crucemos. Y
vosotras las cruzasteis como hicieron vuestros maridos. Y yo las quiero cruzar
con vosotros.
Fuerza
y Lucha.
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